Docente: Diego Alexander Ramirez Pérez
¿Cómo vivir la sexualidad
Resulta sorprendente el trato paradójico que al sexo se le da en el mundo moderno. Despojándolo de toda su dignidad, se le ha elevado a la categoría de dios.
¿Cuál es la importancia humana de la sexualidad?
Ubicados en el plano humano la sexualidad es muy importante en la persona. De hecho:
la sexualidad se pone en la línea del ser de la persona, es una conformación estructural propia que caracteriza su ser y lo actualiza en la dimensión relacional hacia el otro: ser con y por el otro;
el hombre y la mujer están, por su misma constitución, dirigidos el uno hacia el otro: la alteridad y la originalidad consienten la reciprocidad y la integración;
la índole sexuada del ser humano y la facultad humana de procrear “son maravi-llosamente superiores a lo que sucede en los estados inferiores de la vida” (GS, 51);
la sexualidad ejerce una influencia sobre todos los demás aspectos de la persona humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. A ella le concierne particularmente la afectividad, la capacidad de amar y procrear, y, en modo más general, la actitud para establecer relaciones de comunión con los otros” (CIC, 2332);
la persona humana, a juicio de los científicos de nuestro tiempo, está tan profundamente influenciada, en cada una de sus expresiones, por la sexualidad, que la misma debe ser considerada como uno de los factores que dan a la vida de cada uno los rasgos principales que la distinguen. Del sexo, de hecho, la persona humana deriva las características que, en el plano biológico, psicológico y espiritual, la hacen hombre o mujer, condicionando así grandemente el camino de su desarrollo hacia la madurez y su inserción en la sociedad;
la sexualidad, con sus manifestaciones, se ubica en el cruce entre lo biológico y lo psíquico, entre naturaleza y cultura, entre identidad personal -cuya relevancia antropológica es enorme- y sus condiciones naturales y culturales;
al mismo tiempo, la persona trasciende su sexualidad; por tanto, no puede dejarse encarcelar de ella.
La sexualidad no es: una construcción cultural o social;un aspecto accidental o secundario de la personalidad;
un elemento pasajero, transitorio.
La sexualidad se diferencia en el hombre (masculinidad) y en la mujer (feminidad):
la diferencia entre el hombre y la mujer es un elemento esencial en la persona, un elemento constitutivo de la identidad personal. La identidad sexual masculina o femenina, en cuanto especificidad ontológica del individuo, pertenece al carácter único e irrepetible de una persona humana y la caracteriza en sus múltiples dimensiones;
las diferencias sexuales entre hombre y mujer, aún manifestándose ciertamente con atributos físicos, de hecho trascienden lo puramente físico y tocan el misterio mismo de la persona. Cada persona es definida por la propia identidad sexual. La persona es varón o hembra desde su misma concepción y lo es de manera irreversible, en cuanto su genotipo, es decir el complejo de los caracteres genéticos de un individuo, se encuentra en todas las células enucleadas de su cuerpo de hombre o de mujer.
¿Cómo la fe cristiana considera la sexualidad?
La Fe cristiana acoge y completa todos los aspectos positivos que ya en el plano humano caracterizan sexualmente la persona.
En particular la Fe cristiana pone en estrecha correlación la sexualidad con cierta concepción y actuación del amor: “no el de la concupiscencia, que ve solo objetos con que satisfacer los propios apetitos, sino aquel de la amistad y de la oblatividad, en grado de reconocer y amar las personas por sí mismas. Es un amor capaz de generosidad, a semejanza del amor de Dios; se quiere al otro porque se le reconoce digno de ser amado. Es un amor que genera la comunión entre personas, porque cada uno considera el bien del otro como propio. Es un don de sí hecho a quien se ama, en el cual se descubre, se realiza la propia bondad en la comunión de personas y se aprende el valor del ser amado y de amar” (VS, 9).
Además, en la visión cristiana, la importancia de la sexualidad es todavía mayormente motivada. De hecho:
La diferencia entre los sexos pertenece al modo específico en que existe la Imago Dei: el ser imagen de Dios se manifiesta, desde el inicio de la historia humana, en la caracterización sexual: “Dios creó al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó” (Gn 1, 27);
cuando el hombre y la mujer unen su cuerpo y su espíritu en una actitud de total apertura y donación de sí, forman una nueva imagen de Dios. Su unión en una sola carne no responde simplemente a una necesidad biológica, sino a la intención del Creador que los conduce a compartir la felicidad de ser hechos a su imagen;
la especificidad sexual, en la persona humana, es reforzada por la Encarnación del Verbo. El ha asumido la condición humana en su totalidad, asumiendo un sexo, pero llegando a ser hombre en los dos sentidos del término: como miembro de la comunidad humana , y como ser de sexo masculino;
la Encarnación y la Resurrección de Cristo extienden también hasta la eternidad la identidad sexual originaria de laImago Dei. El Señor resucitado permanece hombre; la persona santificada y glorificada de la Madre de Dios, ahora asunta corporalmente en el cielo, continúa a ser una mujer.
Tal concepción humano-cristiana de la sexualidad impide que:
las personas sean usadas como se usan las cosas ;
la sexualidad sea considerada como una dimensión del todo externa a las normas morales, donde no se ponen en juego valore o antivalores, sino solamente gustos personales sobre los cuales a nadie es lícito expresar juicios morales. La pretensión de poner la sexualidad fuera y por encima de cualquier orden moral, en una esfera de derechos intangibles, es fruto de una cultura radical, de un individualismo extremo en el que los valores son el producto exclusivo de una errónea concepción de la libertad individual.
¿Existe una superioridad de un sexo respecto del otro?
La Biblia no da ningún indicio al concepto de una superioridad natural del sexo masculino respecto del femenino. No obstante sus diferencias, los dos sexos gozan de una implícita igualdad, de par dignidad:
“Creando al hombre «varón y hembra», Dios dona la dignidad personal en igual modo al hombre y a la mujer, enriqueciéndolos de derechos inalienables y de responsabilidades que son propias de la persona humana” (Juan Pablo II, Familiaris consortio 22). Hombre y mujer son igualmente creados a imagen de Dios;
ambos son personas, dotadas de inteligencia y voluntad, capaces de orientar la propia vida con el ejercicio de la libertad.
Igualdad, sí, entre lo sexos, pero en la distinción, reciprocidad y complementariedad:
cada uno realiza en modo particular la propia identidad sexual;
el hombre y la mujer tienen necesidad el uno del otro para alcanzar una plenitud de vida.
Es necesario valorizar la originalidad y la especificidad tanto del hombre como de la mujer en la familia, en la sociedad, en la Iglesia.
La original amistad y armonía entre hombre y mujer ha sido seriamente comprometida por el pecado, como también la realización del aspecto positivo del cuerpo humano.
¿Cuál es la vision positiva del cuerpo humano?
La Fe cristiana tiene una concepción positiva del cuerpo humano, debida al hecho de que el cuerpo:
es don de Dios creador ;
ha sido asumido por Cristo en la Encarnación ;
es el medio de la Redención (cuerpo inmolado y resucitado de Cristo) ;
es templo del Espíritu Santo
está llamado a resucitar al final de este mundo.
La Fe cristiana afirma que el ser humano:
no tiene también una corporeidad, sino que es también una corporeidad;
es unidad de alma y de cuerpo, como espíritu encarnado;
está llamado al amor como espíritu encarnado, es decir ánima y cuerpo en la unidad de persona. El amor humano abraza también el cuerpo y el cuerpo expresa también el amor espiritual. La sexualidad por tanto no es algo solamente biológico, sino que implica más bien el núcleo íntimo de la persona. El uso de la sexualidad como donación física tiene su verdad y alcanza su pleno significado, cuando es expresión de la donación personal del hombre y de la mujer hasta la muerte.
¿Cuál es el proyecto del cuerpo por realizar?
La conciencia de ser creado por Dios a Su imagen y semejanza lleva a la persona a la consciencia de ser don don recibido de Otro. De un tal ser-don deriva el empeño, el proyecto de deber-ser-don con y para el otro”, mediante el dominio y la donación de sí. Se pone en acto así la dimensión esponsal del cuerpo, es decir la capacidad de expresar amor: aquel amor en el cual, de hecho, el hombre persona se hace don y -mediante este don- realiza el sentido mismo de su ser y existir.
¿Qué valoracion tiene la iglesia de la masturbación?
“La Iglesia Católica afirma que “la masturbación es un acto intrínseca y gravemente desordenado. La razón principal es que cualquier que sea el motivo, el uso deliberado de la facultad sexual, fuera de las relaciones conyugales normales, contradice esencialmente su finalidad”. (CDF, Algunas cuestiones de ética sexual, 9). En la masturbación, “el placer sexual es buscado fuera de la relación sexual requerida por el orden moral, la que realiza, en un contexto de verdadero amor, el sentido íntegro de la mutua donación y de la procreación humana.
“A fin de formular un justo juicio sobre la responsabilidad moral de los sujetos y para orientar la acción pastoral, se tendrá en cuenta la inmadurez afectiva, la fuerza de la costumbre contraída, del estado de angustia o de aquellos otros factores psíquicos o sociales que puedan atenuar, o incluso reducir al mínimo, la culpabilidad moral” (CEC, 2352).
Vídeo tomado de: https://youtu.be/hq65ZHZQUKg
Información tomada de:https://infovaticana.com/2015/03/22/como-vivir-la-sexualidad/

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